lunes, 29 de septiembre de 2014

Libro

Hola chicos, oigan les quería contar que tengo que escribir un libro y quiero compartir con ustedes mis avances para que se entretengan un rato y si encuentran alguna falla de mi parte ya sea ortográfica de redacción o de narración me lo comenten por favor, voy a subir un cap. por semana aproximadamente para que los esperen va??

Prólogo
¿Olvido o ignorancia?

Era una noche soleada, Saethe estaba de pie junto a las raíces del enorme cerezo al centro de una pequeña isla flotante. El suelo estaba cubierto de oenotheras recién abiertas que reflejaban la luz del sol haciendo parecer que el alrededor del milenario árbol ardía con llamas doradas. El viento susurraba en su idioma, un idioma que sólo entienden aquellos que saben escuchar; las oenotheras se mecían al son de la silenciosa música con la que sumía a todo el lugar.

Saethe estaba ahí, en medio de todo aquello, observando el ocaso en el mar. Un sol anormalmente grande que intentaba refugiarse tras unas infinitas aguas peinadas por el viento. Pero aquello no se acababa, el sol no se había movido y tampoco se movería después. La música del viento acalló, pasaron unos segundos de silencio total y volvió, pero ya no era una suave melodía, era un sólo sonido: agresivo y peligroso. El viento arranco hojas del cerezo que cayeron sobre Saethe, lo rodearon y danzaron alrededor de él, giraban y caían con infinitos patrones irregulares, cambiantes y únicos. La danza de las hojas terminó y todas salieron, guiadas por el viento, de la pequeña isla perdiéndose en el horizonte, viajando hacia el sol. Saethe las siguió con la mirada y cuando la volvió Hekanis estaba de pie, impotente, frente a él.

Lo miraba fijamente, su expresión delataba indiferencia, orgullo, lástima, cariño y comprensión, todo al mismo tiempo. A pesar de que le daba la espalda al sol, y el rostro de Hekanis era un mar de sombras, Saethe distinguió las heridas en su cuerpo, la sangre que escurría de sus ojos y el corte en la garganta que él le había hecho.

“-Rápido-“ Hekanis no movía la boca pero sus palabras resonaron dentro de la cabeza de Saethe. Su voz era suave, reconfortante y amable como la de un padre y un amigo pero también estaba cargada de desesperación, apuro y miedo “-Encuéntrala antes de que sea tarde”- Saethe estaba aturdido pero al final logro hablar –Maestro, A qué se refiere? ¿Qué tengo que encontrar?  Saethe se percató de que su voz temblaba de angustia, pero Hekanis sólo agregó “-Recuerda”-, al mismo tiempo que le ponía a Ether en las manos y todo se oscurecía mientras la voz de Hekanis se apagaba.
Saethe trato de conservar aquello pero no tenía caso.


No se puede recordar lo que nunca se supo.

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