Prólogo
¿Olvido o ignorancia?
Era una noche soleada, Saethe estaba de pie
junto a las raíces del enorme cerezo al centro de una pequeña isla flotante. El
suelo estaba cubierto de oenotheras recién abiertas que reflejaban la luz del
sol haciendo parecer que el alrededor del milenario árbol ardía con llamas
doradas. El viento susurraba en su idioma, un idioma que sólo entienden
aquellos que saben escuchar; las oenotheras se mecían al son de la silenciosa
música con la que sumía a todo el lugar.
Saethe estaba ahí, en medio de todo aquello, observando
el ocaso en el mar. Un sol anormalmente grande que intentaba refugiarse tras
unas infinitas aguas peinadas por el viento. Pero aquello no se acababa, el sol
no se había movido y tampoco se movería después. La música del viento acalló,
pasaron unos segundos de silencio total y volvió, pero ya no era una suave
melodía, era un sólo sonido: agresivo y peligroso. El viento arranco hojas del
cerezo que cayeron sobre Saethe, lo rodearon y danzaron alrededor de él, giraban
y caían con infinitos patrones irregulares, cambiantes y únicos. La danza de
las hojas terminó y todas salieron, guiadas por el viento, de la pequeña isla
perdiéndose en el horizonte, viajando hacia el sol. Saethe las siguió con la
mirada y cuando la volvió Hekanis estaba de pie, impotente, frente a él.
Lo miraba fijamente, su expresión delataba
indiferencia, orgullo, lástima, cariño y comprensión, todo al mismo tiempo. A
pesar de que le daba la espalda al sol, y el rostro de Hekanis era un mar de
sombras, Saethe distinguió las heridas en su cuerpo, la sangre que escurría de
sus ojos y el corte en la garganta que él le había hecho.
“-Rápido-“ Hekanis no movía la boca pero sus
palabras resonaron dentro de la cabeza de Saethe. Su voz era suave,
reconfortante y amable como la de un padre y un amigo pero también estaba
cargada de desesperación, apuro y miedo “-Encuéntrala antes de que sea tarde”-
Saethe estaba aturdido pero al final logro hablar –Maestro, A qué se refiere? ¿Qué
tengo que encontrar? Saethe se percató
de que su voz temblaba de angustia, pero Hekanis sólo agregó “-Recuerda”-, al
mismo tiempo que le ponía a Ether en las manos y todo se oscurecía mientras la
voz de Hekanis se apagaba.
Saethe trato de conservar aquello pero no tenía
caso.
No se puede recordar lo que nunca se supo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario