1.
Un mundo
devastado
Saethe se despertó
sobresaltado, la imagen de Hekanis seguía en su mente, sus palabras en sus
oídos y su espada en sus manos. Ether era el único recuerdo de su “clan”, todo
lo demás había quedado reducido a cenizas.
Saethe estaba medio
incorporado apoyado en sus codos con la respiración agitada. Cuando se dio
cuenta de que estaba en la cueva donde había pasado la noche, entonces se
tranquilizó, se sentó y apoyo su espalda en la pared. Puso a Ether en su regazo
y la contempló fijamente… aquella espada tenía cientos de años de existencia
aunque parecía nueva, la vaina era de un metal negro brillante que Saethe no
conocía, tenia grabado un dragón dorado desde la boca hasta la punta. La
empuñadura era maciza con un pomo en forma de una pirámide invertida, la guarda
era dorada y un poco más grande de lo común lo cual ofrecía una protección
extra al dedo. La hoja, larga y delgada era tan oscura como su vaina, de noche,
era imposible verla o saber hasta donde llegaba, pero Saethe estaba
familiarizado con Ether, la había aceptado y ella a él. Llevaban mucho tiempo
juntos, desde aquella noche habían
sido compañeros y Saethe había dejado de verla como un arma, ahora la
consideraba una extensión de sí mismo; otra extremidad de su cuerpo.
Saethe cerró los ojos y
recordó… No era algo sano, lo sabía, pero cuando se vive en un presente tétrico
esperando un futuro lúgubre lo mejor que se tiene es un pasado jubiloso.
Habían pasado ya 7 semanas
desde que los caídos habían devastado
a su clan, Saethe y Hekanis junto a
otros compañeros intentaron defender a su hogar, pero era en vano, habían
llegado demasiados caídos al mismo
tiempo. Saethe había logrado huir con su maestro pero él no lo logró…
Después de estar lejos de su aldea Saethe se
rindió ante el sueño, no fue agradable, vio los rostros de todos a quienes
había perdido, desfigurados por el dolor y el miedo, sintió su debilidad al
recordar que todos sus esfuerzos fueron en vano y que todo lo que le importaba
se había ido. Los gritos de Hekanis lo despertaron, habían pasado solo unas
horas pero su maestro ya estaba demostrando los primeros síntomas de la penitencia, Hekanis estaba a punto de
convertirse en un caído.
Saethe había vivido el origen
de la penitencia. Estaba paseando con
una chica que había conocido unas horas antes, estaban por entrar en una
taberna a las afueras de la ciudad cuando el cielo nocturno se iluminó de
golpe. El antes estrellado firmamento ahora estaba completamente blanco, la extraña luz persistió
por varios minutos y luego desapareció tan repentinamente como había llegado.
Inmediatamente en las televisiones de la taberna pasaron un mensaje de
emergencia, el reactor nuclear Shoudren
en las cercanías de la ciudad había explotado de improviso, se estimaba que
en 6 minutos la onda de la explosión llevaría una nube radioactiva a la ciudad
y se ordenaba un toque de queda de emergencia. Saethe trato de llevar a la
chica consigo pero ella insistió en volver con su familia. Saethe ni siquiera
se despidió, corrió como un desjuiciado hacia su casa, vivía solo, pero temía
por su vida. Atravesó las calles, ya desiertas, de la ciudad y llegó a su casa.
20 mts antes de llegar a la puerta se dió cuenta de que no llevaba las llaves
con él.
Sin detenerse corrió por la
pared contigua a la puerta y logró agarrarse del alfeizar de una ventana, subió
un poco y la golpeó, la ventana se abrió sin mayor esfuerzo y mientras Saethe
trepaba murmuro un agradecimiento a Dios porque la ventana estaba abierta.
Corrió hacia el piso de abajo, en la cocina tomo una botella de agua, pan y
carne y bajo al sótano encerrándose en él. Afortunadamente en el sótano pasaba
la mayor parte de su tiempo y durante meses lo había acondicionado para sus
gustos y necesidades. Tenía un baño, una pequeña estufa, una televisión, su
colección de libros, una sábana y su guitarra (que hacía mucho tiempo no
tocaba). Ya a salvo Saethe se concentró para tranquilizarse y se dio cuenta de
que en algún momento de su carrera se había hecho un corte en el brazo derecho,
fue al lavabo se desinfecto la herida y se vendo con un trapo de lino que tenía
guardado. Con un dolor punzante en el brazo fue hacia la pequeña cocina y tomo
todos los vasos que había para llenarlos en el lavabo, no pensaba a arriesgarse
a tomar agua después de un accidente nuclear. Buscó en internet noticias en
tiempo real y lo que escucho casi de inmediato lo dejo estupefacto.
Un rayo gama había pasado peligrosamente cerca
de la tierra destruyó Urano y provocó una reacción en los materiales
radioactivos con los que se trabajaban en todo el mundo. Cualquier reactor en
cualquier parte del planeta había explotado y cuando estaban por informar de
las consecuencias que esto tendría la señal se perdió la luz del sótano se
apago. Saethe no oyó nada que no fuera un viento salvaje y torrencial. En una
hora más o menos sumido en una penumbra absoluta supo que el apocalipsis había
comenzado...
