viernes, 12 de septiembre de 2014

La leyenda del pez koi

Hola chicos el día de hoy les traigo (como mi primera entrada) 
la leyenda del pez Koi... Que la disfruten!!

Hace mucho tiempo en un pasado lejano, el agua del 
río azul que fluía desde el cielo y el río dorado que fluía 
desde la tierra, estaban separados por el legendario 
portal del Dragón.

El río dorado, llamado así por el color oro de sus 
aguas, era el último lugar donde podían nadar libremente
los habitantes del mar;  ya que los Dioses que 
caminaban en la tierra habían destruido su inmenso hogar 
creyéndose los dueños verdaderos de todo lo que 
alcanzaba sus ojos.

Entre todos los habitantes de sus aguas, la familia de 
peces Koi eran los más hermosos de todos, brillaban a 
la luz del sol como estrellas relucientes. El de color 
negro era el papá Koi, el rojo la mamá Koi y su pequeño 
hijo Koi destacaba por un color azul profundo.

Lo que más deseaba el pequeño pez Koi era llegar a 
las aguas del río azul pues su padre le contó que hubo 
un tiempo en que no existían barreras entre un lugar 
y otro. Y los peces más valientes, los peces dragones 
volaban en los cielos, como perlas iluminando toda 
oscuridad. La entrada se encontraba río arriba y 
traspasando el portal del Dragón, se llegaba a la 
Gran Cascada del río azul. A todo aquel que llegara le 
salían alas doradas, para volar, convirtiéndose así en 
Dragón. 

El pequeño pez Koi, decidido a encontrar la Gran Cascada 
se dispuso a nadar río arriba contra la corriente.
 Los otros peces desanimados pensaban que era más fácil 
nadar con la corriente y no se molestaban en descubrir 
que había más allá de la cascada pues los caminantes de
la tierra ponían trampas para burlarse de ellos.

A pesar de ser la corriente tan fuerte, el pequeño pez 
Koi haciendo un gran esfuerzo, aleteó lo más fuerte 
que podía. Avanzaba lentamente pero poco a poco iba 
haciendo camino y se abría paso por el río. El ruido 
del chapoteo llamó la atención de los caminantes de la 
tierra, enfadados porque un pez pequeño se atreviera 
a desafiarlos, mandaron llamar al monstruo de la 
gran boca el cual se tragaba entero todo lo que 
nadaba a su paso. 

Ellos no contaban con el que el pez Koi tenía un tamaño 
muy pequeño y por ello, sin problemas, atravesó la piel 
agujereada del monstruo. Siguió nadando río arriba y 
de pronto el agua se tornó oscura y sucia. No podía ver 
nada y comenzaba a encontrarse mal. Los caminantes 
de la tierra se jactaban de haber vencido los esfuerzos 
del pequeño pez, cuando de pronto desde la orilla el 
Dios del Aire compadecido mandó llamar a un remolino
de viento  que se llevó toda la suciedad y le despejó el 
camino para que continuara.

El pez Koi continuó, ya estaba cerca lo presentía en sus 
aletas. Siguió y siguió nadando, pero algo extraño 
pasaba, había menos agua a su alrededor. Y de pronto 
se topó con un muro de piedra que se elevaba casi 
hasta el cielo. ¿Qué podía hacer ahora? Al otro lado se 
encontraba el portal del dragón. Entonces pensó que 
su única posibilidad era saltar lo más fuerte que pudiera 
lo intentó y el pez Koi no se rendía, a pesar de que 
oía la risa de los caminantes burlándose de él. Una y 
otra vez arrojó su cuerpo al aire para caer de nuevo al agua

Estaba tan cansado que incluso parecía que el muro era 
mucho más alto. Pero nunca quiso darse por vencido. 
El Dios de las Aguas que le estaba observando, emocionado
por su valentía quiso echarle una mano, ya que 
los caminantes habían detenido su curso y despreciado 
sus aguas a capricho. Cuando el pez Koi reuniendo 
todas las fuerzas que le quedaban se preparaba para el 
último salto, el Dios de las Aguas hizo llamar a las olas 
y su salto se elevó hasta alcanzar la cima y poder 
pasar al otro lado hacia la Gran Cascada del río Azul.

Y así debido a que no se rindió nunca el pequeño pez 
Koi pudo saltar al otro lado del portal y desapareciendo 
en la niebla renació como un precioso Dragón. 
Por las noches se puede ver al pequeño pez chapoteando
alegremente por las aguas del gran río Azul.

Y desde ese día siempre que otro pez encuentra la 
fuerza, el coraje y la perseverancia como hizo el pequeño 
pez Koi de subir a contracorriente superando sus 
dificultades, es recompensado con la metamorfosis y 
transformado en un precioso Dragón.




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